Una noche como tantas otras, estaba en la habitación de mis hijos, charlando de cómo había transcurrido el día. Era el preludio al cuento que cada noche les explicaba y que les conducía a un sueño plácido. En un momento de la conversación, uno de mis hijos me dijo:
- Ya sabes que sí –fue mi respuesta-.
- Entonces, ¿nosotros de donde venimos?
Aquella era la pregunta que llevaba años esperando. Mi respuesta fue la siguiente:
- Hijos, esta noche no voy a explicaros el cuento de Caperucita, la Bella durmiente o los Tres cerditos, hoy voy a explicaros el misterio de vuestras vidas.
Y fue así como mi relato comenzó a tomar vida.
“Había una vez, en una ciudad muy cercana a la nuestra, dos personas que estaban enamoradas. Se llamaban Elisa e Isabel. Ellas se querían mucho, por eso llevaban años viviendo juntas. Eran felices, tenían una casa y un trabajo.
Un día estaban hablando e Isabel dijo:
- Elisa, soy feliz a tu lado y tú sabes que te quiero mucho, pero me haría aún mas feliz tener hijos y formar una familia contigo.
Elisa contestó:
- A mi también me haría muy feliz. Podríamos ir al médico para preguntar que podemos hacer.
- De acuerdo –dijo Isabel-.
Les llevó un tiempo pensar donde irían a preguntar y al cabo de unos meses fueron a la ginecóloga. Le explicaron sus preocupaciones sobre tener hijos y formar una familia. La doctora dijo:
- Yo os puedo ayudar.
Las dos se emocionaron y rápidamente quisieron saber que hacer. La ginecóloga les explicó lo siguiente:
- Os puedo poner unas inyecciones que no duelen y, si todo va bien, un bebé os crecerá dentro de la barriga.
Elisa e Isabel volvieron a casa y después de muchas conversaciones…
- Yo estoy dispuesta a ponerme las inyecciones –comentó Isabel-.
- Pues yo estaré siempre a tu lado, no te dejaré sola y te ayudaré en todo lo que pueda –contestó Elisa-.
Y así fue como transcurridos unos meses volvieron a la consulta de la ginecóloga y le contaron sus planes. Isabel se pondría las inyecciones.
La doctora les explicó todo lo que tenían que hacer y cuando debían volver. Acudieron varias veces a la consulta e hicieron lo que les pidió, hasta que llegó “el día de esperar”. Si todo iba bien, un bebé empezaría a crecer en la barriga de Isabel.
Durante los días de espera estaban muy inquietas, pues querían que todo fuera perfecto. Y al fin…llegó el gran día. Pero cuando recogieron los resultados, vieron que las cosas no habían salido bien. Isabel no estaba embarazada y lloró desconsolada durante días sin que Elisa pudiera calmarla.
Después del disgusto lo pensaron mucho y decidieron intentarlo más veces. Hasta que en una ocasión les dieron la buena noticia, había un bebé creciendo en la barriga de Isabel. En ese momento Isabel y Elisa se abrazaron, rieron y dieron saltos de alegría. Ya sabrían que tendrían un hijo.
Mientras pasaban los días, las semanas y los meses, la barriga de Isabel crecía y crecía igual que el bebé que llevaba dentro. Fue así como el bebé empezó a sentirse incómodo porque tenía poco espacio para moverse. La casita donde vivía –la barriga de su mamá- se le había quedado pequeña. Por eso, decidió salir de allí. Todas las mamás tienen un agujerito especial por donde salen los bebés de sus barrigas, y por allí fue por donde salió este.
En ese momento, sus mamás al verlo estuvieron muy contentas. El también se alegró mucho de conocerlas. Lo habrían estado cuidando y queriendo durante nueve meses sin poder verlo y al fin pudieron abrazarse los tres.
Y es así como empezaron a ser para siempre una familia feliz y llena de amor. “
FIN
- Mamá, ¿por qué no nos habías explicado antes esta historia?
- La verdad es que no sabía si estabais preparados para oírla.
- Pero mamaaaaa, si es preciosa!!!!....
- Mañana mismo me pongo a dibujarla y pienso llevarla al cole.















